A peor

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La crisis española ha dado un giro en estos días,

con el escándalo ocasionado por el antiguo tesorero del Partido Popular, Luis Bárcenas. La crisis económica dura ya cuatro años, con más de seis millones de desempleados, recortes draconianos del gasto público, aumento de impuestos –y una recesión que continúa. La crisis política es una ensalada de separatismos, ineptitud, desprestigio de los grandes partidos. A todo eso hay que sumar ahora una auténtica crisis moral –para la que no es fácil imaginar una salida.

El caso es conocido. A partir de la investigación judicial de un viejo asunto de corrupción, el “caso Gürtel”, se descubrió hace poco que el antiguo tesorero del Partido Popular tenía en Suiza 22 millones de euros, no declarados a hacienda, aparte de un latifundio de 30 000 hectáreas en Argentina. El partido, y el propio Rajoy habían defendido la integridad de Bárcenas durante años, hasta que se hizo imposible. Por lo visto, abandonado de casi todos, el ex – tesorero ha amenazado con hacer pública la “contabilidad B” del partido, si no lo ayudan a librarse de la cárcel. Eso han publicado El Mundo, El País, y los demás medios españoles.

Lo más grave que parece haber en esa otra contabilidad, lo más escandaloso, está en el sistema de sobresueldos. Durante los casi 20 años en que fue gerente y luego tesorero del Partido Popular, Bárcenas se encargo de pagar sobresueldos en dinero “negro” a los funcionarios y altos cargos del partido: dinero en efectivo, que no se declaraba a hacienda, con cantidades que iban de los 3,000 a los 15,000 euros mensuales (entre 50,000 y 250,000 pesos mensuales). El dinero no estaba en la contabilidad oficial, porque era producto de “comisiones” que pagaban empresas de construcción y contratistas de los gobiernos, a cambio de licencias, concesiones o contratos. Algún periódico dice que el mecanismo se diseñó siendo secretario del partido José María Aznar, alguno dice que venía de tiempos de Manuel Fraga.

Para un partido que ha impuesto una política de austeridad casi suicida, y cada día pide a la población que haga sacrificios, la revelación es devastadora. Pero el PSOE no tiene mucho mejor imagen, ni los nacionalistas catalanes. El descrédito afecta en realidad a toda la clase política española, y a buena parte de la clase empresarial. Es toda una generación la que está en entredicho, empezando por el rey: la generación de la transición, y con ella el conjunto de las instituciones de la transición, desde el parlamento y la banca hasta la prensa. O la Unión Europea. Nadie se salva de la quema. Es el clima ideal para la demagogia.

Decía Machado que no hay nada que sea absolutamente “impeorable”, es decir, que no pueda ir a peor. España, por ejemplo. Europa. Las alarmas están sonando hace tiempo.

 

La Razón, 22 de enero de 2013