Que se escuche a la ciudadanía

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Suele ser entretenido escuchar a los políticos explicando el resultado de una elección. Sobre todo cuando perdieron. A los nuestros les falta práctica todavía porque hasta hace nada lo único que tenían que hacer era denunciar el fraude que les había arrebatado la victoria. Esto de hoy es más complicado. Entre los más simpáticos, la semana pasada, han estado los portavoces del movimiento por el voto nulo. Tuvieron un muy buen resultado: acaso un 3 por ciento, incluso 5 por ciento del total si sumamos a su cuenta también los votos nulos de siempre; es decir, tienen aproximadamente la misma capacidad de convocatoria que el Partido del Trabajo o Nueva Alianza (lo que Sánchez Susarrey llama despectivamente la “pedacera”).

Según Marco Rascón, con el resultado “se demostró que hay una crisis profunda de legitimidad del actual sistema de partidos”. No me queda tan claro. Seguramente tenemos ideas distintas sobre lo que es una demostración o sobre lo que cuenta como profundo. Si el 5 por ciento tiene esa significación geológica, ¿qué decimos del 37 por ciento del PRI? Purificación Carpinteiro subió el tono: “Los partidos políticos están obligados a reconocer que se equivocaron, que demandamos un nuevo sistema de representación en el que la sociedad civil participe en la toma de decisiones…” No sé quién se haya equivocado así, pero queda emplazado. También el Congreso de la Unión, al que la señora Carpinteiro exigió que convocase un periodo extraordinario de sesiones para discutir sus propuestas, porque “el voto nulo no fue un voto en blanco”. Aquí sí se complican un poco las cosas: el voto en blanco –qué quiere que le diga, señora mía—es eso, voto en blanco. Por otra parte, exigir que se cambie “el régimen de gobierno” porque teóricamente –en interpretación libre—es lo que quiere el 4 o 5 por ciento de los electores, resulta un poco desorbitado: ¿discutimos la pena de muerte porque, teóricamente, lo ha pedido el 7 por ciento?

No es lo más extraño. Jaime Sánchez Susarrey se dedicó durante mes y medio a hacer campaña en favor del voto nulo: “si los perros ladran es que avanzamos”, “esta es la hora de los ciudadanos y no habrá de verse más que luz”, “es ahora o nunca”, “hagamos que florezcan mil flores”; en sus artículos, iba a ser un “voto escoba” para “limpiar la casa”, un voto contra “una clase política mediocre, timorata, irresponsable y baquetona” (y a favor de una clase política descollante, audaz, responsable y trabajadora, supongo). En su análisis del resultado, hace tres días, en Reforma, dedicaba un párrafo al PRI, cuatro a López Obrador, tres al PAN, uno al Presidente, y ni una sola línea al voto nulo: ni luz ni flores, ni heroísmo ni lírica. No deja de ser un poco triste.

 

La Razón, 14 de julio de 2009