Venganza

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Por lo visto, no podemos imaginar la justicia de otro modo, sino como venganza. Y hay sus razones. La civilizada formalidad de las leyes, lo mismo que la cortesía, apenas disimulan o moderan un poco un fondo de violencia, de resentimiento y de viejísimo desprecio. Aquí no hay más justicia sino ponerse a mano, desquitarse. Se puede decir que el resultado de ese ánimo vengativo es la ley de la selva, y seguramente es verdad, pero también es profundamente inútil decirlo.

Tenía la intención de comentar con detalle, línea por línea, el artículo de portada de la revista Proceso de esta semana, dedicado al caso de Raúl Salinas de Gortari, pero no tengo estómago suficiente. Valdría la pena, incluso podría usarse como ejemplo en las escuelas de periodismo: se entiende mucho del tono de nuestra vida pública después de leerlo. Me limito a lo más obvio.

Se trata de la resolución del amparo favorable a Raúl Salinas pero la foto de portada es de Carlos Salinas y se refieren a Carlos Salinas el texto resaltado en recuadro y el párrafo inicial del artículo. Ése es el fondo y casi la única materia del caso, según lo explica Proceso. Vicente Fox faltó a su palabra porque se había comprometido “a castigar los presuntos delitos de la familia Salinas” y no sólo no lo hizo, sino que “a lo largo del sexenio hubo señales de entendimiento” entre el presidente y Carlos Salinas: “La última de ellas ocurrió precisamente el jueves 10, cuando se le otorgó el amparo definitivo a Raúl”. La redacción es admirable, empezando por la alusión a esas siniestras “señales de entendimiento” con la organización criminal que es “la familia Salinas”; lo mejor es sin duda el elegantísimo uso de la palabra “presuntos”, que está ahí para subrayar que los delitos no tienen nada de presuntos, puesto que sabemos de la traición de Fox porque no han sido castigados. El meollo del argumento es la idea de que el amparo fue producto de un arreglo entre el presidente y Carlos Salinas; y todo el chiste está en dejarla caer como si tal cosa, en el tercer párrafo, como si fuese algo perfectamente obvio, que no necesita ni explicación. El proceso, las pruebas, la deliberación de los jueces, bueno, son parte del decorado.

Sigue una serie de insidias, conjeturas, fingidas coincidencias, insinuaciones indemostrables que son, insisto, para estudiarse en una escuela de periodismo. Sólo menciono, como ejemplo, un recurso retórico que es un verdadero hallazgo; dice el texto: “las autoridades contaminaron la indagatoria con vicios, fallas e inconsistencias que luego sirvieron a Raúl Salinas como elementos para desacreditar las acusaciones en su contra”. Se repite en la página siguiente: “empezaron a surgir historias alrededor del asesinato, que terminaron ensuciando la investigación”. No hay duda, había una investigación limpia, consistente, irrefutable, que después fue ensuciada y contaminada por las autoridades para que Raúl Salinas pudiera “desacreditar las acusaciones”. Diez años después.

Para entender la magnitud del problema hay que ver el trato que dio la misma revista al caso de René Bejarano, hace un año. Apenas había sitio para otra cosa que no fuesen sus largas, dolientes explicaciones. Ni por equivocación podía sugerirse algún vínculo, una conjetura, nada que pudiera insinuar que López Obrador supiera lo que hacía el operador político del PRD en la capital; de hecho, no podía ni siquiera hablarse de “presuntos delitos” porque no podía demostrarse ante un juzgado nada más que una transacción entre dos particulares. Y la ley es la ley.

No disculpa a Proceso el hecho de que razone de modo parecido una buena parte de nuestra clase política. En estos días hemos tenido declaraciones de dirigentes del PAN y el PRD casi en el mismo sentido; el PAN lamenta la resolución del tribunal, porque piensa que no está bien fundamentada, el PRD directamente acusa al presidente de haber negociado la sentencia. Hablan para la galería, ya lo sé. Tienen que congraciarse con el público y saben que el público pide venganza, no hay más misterio. Saben, como puede saberlo cualquiera, que la sentencia que condenó a Raúl Salinas era injusta, saben que esa sentencia, respecto a ese delito, integrada de esa manera, es indefendible, pero todavía puede obtenerse alguna ganancia explotando el antisalinismo. Proceso sabe lo que hace cuando publica fotos de página entera de Carlos y Raúl Salinas sonriendo: esas sonrisas exigen venganza.

Hay mucho que decir de nuestra cultura jurídica, de la mezcla perversa entre el lenguaje legalista y el de la convicción moral. Será para otra ocasión. El modesto episodio de esta semana, las reacciones ante la corrección de un monstruoso y deliberado “error judicial”, sirven sólo de indicio. Cualquiera puede ver que a López Obrador y a los voceros del PRD y el PAN se les hace agua la boca cuando hablan de los “jueces de consigna” y de la “justicia de mando”. No quieren otra cosa, sino mandar y mandar así, al amparo de nuestro insaciable deseo de venganza.

 

La Crónica de hoy, 15 de junio de 2005