Ante notario

Etiquetas: , ,

Parece un poco exagerado que un grupo de particulares convoque a un “Pacto Nacional Ciudadano”. Son muchas mayúsculas. Comoquiera, es de agradecer la claridad con que “México SOS” emplaza a los candidatos. Y sus ideas sobre seguridad, imprecisas y tentativas como son, pueden tener algún eco. Llama la atención que el recurso de presión que se les haya ocurrido sea que los candidatos se comprometan “ante notario público”. En serio, eso ¿para qué? Los políticos hacen sus promesas en público y faltan a ellas en público también. No necesitamos que un notario nos diga lo que prometieron en campaña. Ya sé, es algo simbólico, pero me interesa el símbolo.

En las relaciones entre particulares, para firmar convenios o contratos de compraventa, el notario tiene una función clara y un prestigio casi mágico. Certificar algo “ante notario público”, en el lenguaje mercantil, equivale más o menos a lo que en el lenguaje político es “elevar a rango constitucional”. La ocurrencia del notario implica no ingenuidad, sino una extraña confusión entre lo público y lo privado.

Ahora bien: toda la claridad que hay en el enunciado central de su proclama se pierde en los últimos dos párrafos, en los que se exige que con la misma urgencia se establezca la reelección y se permita la venta de publicidad política en radio y televisión. Eso ¿qué tiene que ver con la seguridad?

Por cierto, también en la cantinela de la reelección domina un razonamiento mercantil: en sustitución del mecanismo de representación política que implica a los partidos, con una plataforma nacional, se propone una relación contractual con una colección de individuos interesados en mantener su sueldo. Y se argumenta precisamente así, con una candidez desoladora. La analogía que se les ocurre a los reeleccionistas es con un empleado al que no se puede despedir por hacer mal su trabajo. No se puede saber si de verdad no entienden, si no se han dado cuenta de que “se premia o se castiga” a los partidos en cada elección, o si están en la idea de que les sería más fácil influir sobre trescientos prójimos sin otro interés que conservar el hueso.

La exigencia de “reintegrar a los ciudadanos su derecho a expresarse libremente durante los procesos electorales” es por lo menos extraña: ¿no están ellos expresándose con entera libertad, en pleno proceso electoral? Aclarémonos: libertad de expresión no significa ausencia absoluta de reglas; dondequiera que la expresión importa, está regulada. La limitación vigente se refiere a la posibilidad de “contratar propaganda en radio y televisión”, nada más. O sea: aunque no suene tan bonito, lo que defiende México SOS es el derecho de las televisoras y radiodifusoras a vender publicidad electoral. No la libertad, sino un negocio.

El que quiera, que pase a firmar. Ante notario.

 

La Razón, 18 de junio de 2009