El nuevo orden

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En la fotografía aparecen tres hombres sentados junto a un camino de terracería. Usan gorros de béisbol, huaraches, se cubren la cara con paliacates, dos de ellos llevan machetes, el tercero una vieja carabina de pequeño calibre. Son de la policía comunitaria de Ayutla. En otra imagen se ve a dos hombres con pasamontañas sujetando a un tercero: un hombre obeso, pantalón corto y camiseta, sandalias, la cabeza cubierta por un trapo, las manos amarradas a la espalda –según el texto de la noticia, es “integrante del crimen organizado”.

Hay reportajes en todos los periódicos, desde hace un par de semanas, cuando los habitantes de Ayutla y Tecoanapa decidieron instalar retenes en las carreteras para defenderse de la delincuencia. Por lo visto, en estos quince días han detenido a más de treinta criminales, y han matado a algunos. No puedo evitar preguntarme qué es “el crimen organizado”. Obviamente, el enemigo al que se enfrenta un grupo de campesinos mal armados con machetes, palos y carabinas, no es el mismo que combaten el ejército, la marina y la policía federal –con miles de efectivos, y tecnología de punta.

Toda la prensa emplea esa media lengua que nos dejó el gobierno pasado: plazas, operadores, lugartenientes, jefes de plaza. El problema es que a la vista de las fotos, o de los detalles de los reportajes, el lenguaje se antoja absurdo. No dice nada. En cuanto se consideran las historias concretas, saltan las costuras. En Ayutla, en estos días pasados, la policía comunitaria detuvo al dirigente de los transportistas de la región y a su hijo, Amador Vargas Carrillo y Osiel Vargas Chávez; en un retén asesinó a un taxista, Cutberto Luna Chávez, por “resistirse a ser revisado”, porque la gente piensa que colaboraba con secuestradores; el martes 22 de enero detuvo a dos jóvenes que viajaban en un autobús, y asesinó a uno de ellos; el año pasado, con métodos similares, grupos de autodefensa habían detenido al alcalde de Huamuxtitlán, por tener “nexos con el crimen organizado”.

Si se mira sin prejuicios, lo que hay son campesinos de Guerrero en pleito con otros campesinos de Guerrero. Y sin duda los habrá que abusan, los habrá que extorsionan, y los habrá que parasitan a la comunidad. Los ha habido siempre, no es una novedad. Los “miembros del crimen organizado” son parte de la sociedad –han estado allí desde siempre, haciendo poco más o menos lo mismo desde siempre. Y no parece razonable pensar que antes, apenas anteayer, funcionase correctamente el aparato de procuración de justicia, de modo que sólo ahora haya sido necesario sustituirlo.

En busca de una explicación, yo pensaría más bien que han desaparecido los recursos informales de intermediación, que producían orden en Guerrero. Y como en Guerrero en muchos otros lugares. Si tengo razón, eso significa que hay que mirar menos al “crimen organizado”, y más al orden político.

 

La Razón, 29 de enero de 2013