Paul Auster. Hand to mouth

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Paul Auster, Hand to Mouth, Boston: Faber & Faber, 1997.

Con frecuencia los libros de Paul Auster terminan siendo decepcionantes. Lo cual también es un elogio. Porque hay siempre en las primeras líneas, en las primeras páginas, la promesa de una obra que casi nunca se logra, o no del todo (salvo, acaso, en The invention of solitude). Sucede particularmente con Hand to mouth, un relato autobiográfico que no parece tener ninguna justificación: hay tipos pintorescos, escenas curiosas, pero ni una cosa ni otra bastan para dar consistencia al texto. No hace falta compararlo con Stendhal, con Primo Levi o Thomas Bernhard, pero unas memorias requieren algo más que el amor propio que las justifique.

Hay una idea general, digamos, que pretende organizar el libro: la problemática relación entre el dinero y la literatura. Pero es muy poco lo que se dice de ello y nada nuevo: que es difícil vivir de escribir (sobre todo al principio), que los escritores suelen tener otros empleos para sobrevivir, poco más. En cuanto a la angustia y el espanto de no tener dinero, que se anuncia en el primer párrafo, no hay nada que permita sentirla; él mismo dice, en un par de ocasiones, que estaba angustiado por la falta de recursos, pero esa angustia no se deja sentir de otra manera. Tal vez en la anécdota del fallido juego de mesa, que inventa con la idea de hacer un gran negocio; pero se alarga tanto y tan innecesariamente, que acaba por ser sólo tediosa.

Siempre hay frases magníficas: “El dinero, por supuesto, nunca es sólo dinero. Siempre es otra y siempre es algo más y siempre tiene la última palabra.” Uno querría que el resto tratase precisamente de eso: de todo lo demás que es el dinero, de todo lo que hemos puesto en él. De la forma como afecta eso a la literatura, y no sólo a la vida privada de quienes escriben. Y uno se imagina que un escritor estadounidense podría saberlo y decirlo de un modo inmejorable: porque hay mucho todavía de misterioso en el espíritu del dinero. Pero no es Paul Auster quien vaya a desentrañarlo; no por ahora.