Histrionismo

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Decía Baroja que la democracia concluye en histrionismo. Que un hombre que se levanta a hablar ante una multitud es necesariamente un histrión. Es verdad. Los políticos tienen que exhibir virtudes que no poseen, también tienen que exagerar el significado de lo que hacen, que parezca todo de enorme importancia. Ahora bien: hay ocasiones en que la desproporción resulta absurda. Tendrá su efecto entre los incondicionales, pero en general es contraproducente. Cuando todo se vuelve heroico y definitivo también empieza a ser más confuso, no se puede tomar en serio. Lo curioso es que algunos llegan a no darse cuenta, terminan por creerse lo que dicen.

En eso estamos. La semana pasada, para el inicio de cursos, el presidente Fox anunció que se habían instalado pizarrones electrónicos en varios miles de escuelas. Bien. Personalmente, prefiero el gis, pero eso no tiene ningún interés. Los nuevos aparatos, por lo visto, permiten ver de inmediato mapas, diagramas, textos, animaciones, dice algún niño que es divertido, casi como ir al cine. Según el presidente el sistema debe servir para que millones de estudiantes tengan acceso a mayores conocimientos, pone una base más sólida a la educación y sitúa a México “a la vanguardia” en asuntos educativos. No. La educación en México es una zona de desastre, la pública y la privada. Lo sabe cualquiera. No estamos a la vanguardia de nada ni las máquinas van a servir de base para nada, no van a sustituir a los maestros que no se han formado, no van a darle a nadie un mayor conocimiento que el que podría adquirir sentándose a leer. Acaso contribuyan a que los maestros y los alumnos se alejen un poco más de los libros, hasta que todo sea como sentarse a ver la tele. Incluso eso lo dudo. Nada más.

No está mal que haya computadoras y pantallas en los salones de clase. Desde luego no es lo que hace falta para siquiera empezar a paliar la catástrofe educativa. Pero desconcierta sobre todo la desproporción entre el significado del gasto y las expresiones del presidente. Histrionismo, sí: desmedido. Resulta ridículo, incluso ofensivo, tanto como para pensar que no es una impostura sino que de verdad cree en lo que dice, de verdad piensa que se aprende más viendo la tele, porque leer es muy aburrido. Piensa que lo fundamental, la base del sistema educativo son los aditamentos electrónicos. A lo mejor está en la idea, muy nuestra, de que lo moderno son los adornos de plástico y los foquitos de colores.

De paso: por la cuenta que les trae, estarán de acuerdo con él quienes se dedican al negocio de la educación privada, que pueden poner pantallas de televisión en los salones de clase pero ni pueden ni quieren tener un profesorado serio, exigente, bien formado y bien pagado. Me viene a la memoria la espectacular encuesta del periódico Reforma para evaluar a las universidades, donde se califican los sistemas de seguridad y el servicio de cafetería por ejemplo, pero no se pregunta por la proporción de profesores de tiempo completo o que se dediquen también a la investigación; resulta que tenemos dos docenas de universidades privadas con calificaciones de nueve sobre diez y más, todas ellas a la vanguardia, supongo. Aquí el que no se contenta es porque no quiere.

No es un desliz. Hay la misma gesticulación en todo lo que hace el presidente. También cuando pide a los diputados del PAN que voten para desaforar al jefe de gobierno del Distrito Federal diciendo que será un gesto histórico, que sentará precedente para que ningún gobernante vuelva a ponerse por encima de la ley. Seamos serios. Todos hemos visto a docenas de funcionarios y políticos en la cárcel, con razón y sin ella, por venganza, por precaución o para ofrecer espectáculo. La parte épica del caso la pone el PRD con la movilización y los anuncios de una guerra civil. Pero no. Tampoco ahí se decide el futuro del país.

Del otro lado de la calle la hinchazón retórica es parecida. El mayor logro de la izquierda, anuncio de su “proyecto de país”, es la inauguración de un puente. Bien: la inauguración de una parte de la mitad de un puente. Como si fuese algo nunca visto, que congrega a los dueños de la televisión, mano a mano con “luchadores sociales”, académicos, políticos y hasta el arzobispo católico de la capital. Tengo la impresión de que en este caso todo es para la galería, el jefe de gobierno sabe que es una ridiculez; lo triste es que no haya nada más serio como apoyo para su discurso político, lo dramático es que la vida pública se nos quede reducida a ese histrionismo desorbitado, hueco, de malos actores.

 

La Crónica de hoy, 25 de agosto de 2004