La aplanadora

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En la primera plana de La Jornada, el miércoles pasado: “Imponen PRI-AN su plan tributario”. Y suena francamente desagradable, poco democrático. En honor a la verdad, en la foto que hay a la izquierda del titular los únicos que parecen estar imponiendo algo son los diez o doce diputados que se amontonan en la tribuna, con el diputado Fernández Noroña al centro, agitando un puño; el pie de foto aclara que hay que fijarse en los que están abajo, panistas, que “formaron una valla al pie de la tribuna… para reiniciar las deliberaciones”, es decir, que trataron de imponerse a los que trataban de imponerse, con el indigno propósito de deliberar. Mal estamos.

El titular de la nota, en interiores: “La aplanadora PRI-PAN se impone en San Lázaro”. Es más desagradable todavía, algo mecánico, imparable. El texto explica que “el avasallamiento que aplicaron el PRI y el PAN” en la comisión de hacienda “generó el descontento” de PRD, PT y Convergencia, de modo que 16 diputados –avasallados y aplanados—se vieron obligados a adoptar “la determinación de ocupar pacíficamente la tribuna” para reventar la sesión. Mientras el PRI y el PAN, violentos, avasallan e imponen, “la oposición”, con serena y democrática determinación, ocupa pacíficamente la tribuna. ¡Qué lección!

La columna de Julio Hernández López explica lo que pasó: “En absoluta desventaja numérica, diputados federales pertenecientes al movimiento de resistencia popular dejaron ayer constancia activa de su oposición a las maniobras de cúpulas panistas y priístas que acordaron formas impositivas injustas”. Es curioso: la obvia desventaja numérica no le dice nada al señor Hernández. Debe ser porque representan al “movimiento de resistencia popular” y lo que tienen enfrente son sólo “cúpulas”. El gesto de desafío es más meritorio aún, sigue Hernández, porque “hay unificados criterios mediáticos oficialistas para satanizar toda forma de protesta que no se someta a los moldes de la palabrería intrascendente…” A mí, más que la satanización me preocuparía tener alguna influencia sobre lo que se decide en el congreso, pero concedo que también tiene su importancia gritar: “¡PRI y PAN, verdugos del pueblo!”, para no caer en la palabrería intrascendente.

Cierra con una diatriba espectacular contra Jesús Ortega: “Justamente cuando más creatividad, innovación y frescura se necesitan para enfrentar a una desatada derecha fascistoide, el fantasma de lo electorero vuelve a regir los criterios de las cúpulas”. ¡Ay, las cúpulas! ¡Cuándo dejarán de preocuparse por las elecciones! Lamento, eso sí, no haber visto la coreografía diseñada para la toma de la tribuna, porque estoy seguro de que fue un derroche de creatividad y frescura: justo lo que necesitamos.

Dice el subtítulo de la noticia: “La toma de la tribuna por PT y PRD no pudo detener a los aliados”.

 

La Razón, 27 de octubre de 2009