La estrategia

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Se hacen cuentas demasiado alegres los adversarios de López Obrador a partir de la detención de Gustavo Ponce. También con las reacciones después del asalto al congreso, con la difusión de las conversaciones entre los asambleístas y gente del gobierno del Distrito Federal. Nada de eso va a perjudicar seriamente la candidatura del jefe de gobierno para la presidencia. De hecho, su estrategia está pensada para aprovechar todo lo que resultaría catastrófico para cualquier otro político.

Según lo que dicen las encuestas publicadas, la mayoría de la gente, siete de diez, reprueba los alborotos en el congreso. Era de esperarse. Ahora bien: para todos está claro que el conflicto es con López Obrador y que sus enemigos son el PRI y el PAN. La reforma del artículo 122, una reforma mal pensada, mal explicada y que no se va a aprobar en el senado, ha servido para exhibir en todo el país el antagonismo en que se funda la campaña del PRD; con ese sólo gesto, López ha podido ahorrarse millones de pesos de publicidad con explicaciones sinuosas sobre el PRIAN, como dice él. Que la asonada haya sido ilegal no será tan grave después de todo: estamos acostumbrados a esas cosas, sin contar con que hay un treinta por ciento que ni siquiera lo ve mal; que se haya orquestado desde el gobierno de la ciudad no es novedad: a cambio, todos podemos saber que son víctimas de un espionaje monstruoso.

En cuanto al proceso contra Gustavo Ponce, no va a haber nada muy dañino en él. López se ha venido preparando para enfrentarlo durante seis meses. Si surge alguna acusación concreta será una más, parte de la campaña de desprestigio de los últimos tiempos; ya se sabe que la procuraduría general actúa de manera facciosa, que los jueces son corruptos y que la suprema corte sólo obedece al presidente. De los suyos, nadie va a dar crédito a lo que resulte en la investigación: a los demás, a casi todos, siempre les quedará la duda. En la práctica, lo único que no puede suceder es que se inicie un proceso contra el jefe de gobierno a partir de las declaraciones de Ponce, si acaso declara algo. Sería la prueba definitiva de la conspiración.

Hasta ahora, la estrategia de López ha sido muy arriesgada, pero enormemente eficaz. Ha devuelto golpe por golpe y se lo ha tomado todo como cosa personal, ha logrado hacer insignificantes las acusaciones, las protestas, los conflictos, porque lo refiere todo a su candidatura para la presidencia. Todos los demás personajes son comparsa, todos los temas son pretextos. Las denuncias de corrupción e ineficiencia, la inseguridad, los oscuros manejos financieros de su gobierno son cosas sin importancia, cortinas de humo: lo único que hay en la política nacional es que quieren impedirle ganar la presidencia. No vale la pena fijarse en lo demás. Se trate de lo que se trate –los crímenes del pasado, la educación pública, el régimen fiscal, la ley de transparencia- hay sólo dos posturas: con López o contra López. Con eso ha conseguido también disciplinar a su partido. Como es todo personal, lo único que puede hacer el PRD es defender al jefe de gobierno, no puede haber otra línea ni una definición programática de mínima coherencia; el episodio del congreso es elocuente: se trataba del gasto educativo y las reglas de equilibrio fiscal, pero el grito de asalto era: Obrador, Obrador, Obrador.

Ha subido el tono. Ha sido con frecuencia injurioso, incluso amenazador. También hay su cálculo en ello. Tiene que acreditarse como cabeza de una opción verdaderamente distinta y para eso le hace falta enfrentarse a todos los demás, aunque sea sólo en el discurso. Por eso insiste tanto en decir que le tienen miedo y dice que tienen razón en tenerle miedo. El radicalismo verbal le ha hecho perder la simpatía de la clase media, o de parte de ella al menos, pero el costo no es muy alto: en una elección a tres, como será la de 2006, con un tercio de los votos basta. La ganancia, en cambio, es muy apreciable. El tono beligerante que ha adoptado le permite recrear un clima semejante al de 2000, dominado por la ilusión de una gran confrontación entre el Pueblo y el Sistema: confundidos el PRI y el PAN, como si fuesen la misma cosa, estamos otra vez en la retórica de los setenta años de opresión. Es, sin duda, la mejor opción de discurso para el PRD, que todavía se presenta como “la oposición”.

Sus adversarios se han equivocado hasta ahora. Todo indica que seguirán equivocándose, porque sólo ven lo que quieren ver. No hay en López ni enojo ni improvisación, ni mucho menos arranques de locura; tiene una estrategia bien pensada, sólida, eficaz, que le permite capitalizar todos los ataques. El único peligro real lo tiene en casa, en el PRD. Lo que sigue –lo veremos- es la campaña para deshacerse definitivamente de Cárdenas para quedarse con un partido a la medida: no será ya de izquierda, casi ni partido, pero llegará con un tercio de los votos al 2006.

 

La Crónica de hoy 20 de octubre de 2004