No es maltrato, sólo homicidio

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Hace unos veinte días se nombró a marco Antonio Morales Gómez presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México. Dijo entonces el secretario de seguridad del estado que era “una gran oportunidad para analizar la situación que prevalece en esta materia”; Morales Gómez “tiene en sus manos la posibilidad de comenzar a darle sensatez al tema de los derechos humanos en nuestro estado, que tanto se ha descuidado y se ha atacado”. Es de suponer que el tema se había tratado hasta entonces de manera insensata y que no se sabía cuál era “la situación” que prevalecía. En lo que se puede entender, la idea del señor Morales Gómez al tomar posesión era parecida: “Yo creo que lo más importante para el trabajo de la Comisión es el análisis de fondo de la cultura de los derechos humanos… no creo que su trabajo principal sean las recomendaciones, o las quejas o los recursos… para mí lo más importante es la cultura de los derechos humanos”. Suena muy sensato: dejémonos de quejas y recursos, y pongámonos a analizar a fondo la cultura, que para eso son las comisiones de derechos humanos.

Puso un buen ejemplo el martes pasado, hablando sobre los feminicidios en el estado de México. Los periodistas le mencionaron los más de mil casos de homicidios de mujeres en los últimos diez años. Según la nota del Universal, “consideró normal el número de homicidios de féminas”. Dijo, verbatim: “Si esa cifra de mil mujeres fuera en el estado de Aguascalientes sería altísima, en el estado de México la cifra es proporcional con la población, no necesariamente refleja un problema de equidad de género o que los feminicidios se estén dando por una condición de maltrato o de odio en contra de la mujer. Los asesinatos de varones seguramente son más”. Y repitió la explicación, por si alguien no había entendido: “yo no lo vería como una condición en contra de las mujeres, yo lo vería como una consecuencia natural de la dinámica de la sociedad que tiene 15 millones de habitantes”.

Vaya de entrada que yo no sé lo que sea “una condición en contra de las mujeres”, que por lo visto sería algo muy grave, pero me queda clarísimo que al señor Morales le parece natural lo que sucede en el estado de México. Vayamos por partes. Con la precaución que requiere un análisis de fondo, sin tener los números, dice que los asesinatos de hombres “seguramente son más”; pongamos números: sí, sin duda son más, en todo el mundo sucede que alrededor del noventa por ciento de las víctimas de homicidio son varones. En el estado de México, el ochenta por ciento. Ahora bien: eso sólo indica que la violencia contra las mujeres es un fenómeno distinto, que obedece a otras causas. No es menos grave porque represente un porcentaje menor. Sabemos que en una proporción considerable las mujeres son víctimas de sus padres, hermanos, parejas, en el hogar, y en eso consiste el problema.

En todo caso, dice el señor Morales, mil no son muchas, “la cifra es proporcional con la población”. Veamos. Según el registro de las actas de defunción que lleva INEGI ha habido desde el año 2000 más de dos mil quinientas mujeres asesinadas en el estado de México. Es posible valorar lo que significa esa cifra tomando en cuenta la población: la tasa nacional de “feminicidio” ha oscilado en los últimos diez años entre dos y tres, es decir, entre dos y tres mujeres asesinadas por cada cien mil mujeres; la de Aguascalientes suele estar por debajo de uno; la del estado de México es de alrededor de cinco víctimas por cada cien mil mujeres. Es decir que, tomando en cuenta “la dinámica de la sociedad” y sus millones de habitantes, la tasa de feminicidio del estado de México es del doble de la tasa promedio del país.

Eso significa que tenemos un problema grave de violencia de género en el estado de México. Seguramente el señor Morales no tuvo tiempo para mirar las dos tarjetas que le habían preparado sus asesores, con los números, y salió del paso como pudo: somos muchos, no es para tanto, seamos sensatos, seamos sensatos. Es preocupante que así, sin más pensarlo, diga que los homicidios no se están “dando por una condición de maltrato o de odio en contra de la mujer”. No sé qué necesitaría como expresión de maltrato. En todo caso, es una extraña manera de tranquilizarse y tranquilizarnos: no es maltrato, es sólo homicidio. Y no hay odio, no. Los hombres que las asesinan –en nueve de diez casos—no “odian a la mujer”, sino que sencillamente se comportan como han aprendido a hacerlo, y antes de asesinar a su esposa, hija, hermana, le han infligido toda clase de castigos, y sienten que están en su derecho.

Cierra la entrevista con un párrafo críptico: Morales Gómez “consideró que se trata de un ‘problema cultural’ y no de otro tipo”. Es lo que pasa con los “análisis de fondo”, que a veces no se entienden bien.

 

La Razón, 28 de noviembre de 2009