¿Son respetables las creencias?

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A partir de lo que se lee en la prensa en estos días, cualquiera diría que estamos en medio de la Guerra de Treinta Años. Nadie se ha privado de denunciar la intolerancia religiosa con un dramatismo imponente. Los dirigentes del PRD se han visto obligados a declarar, uno tras otro, que respetan todas las creencias, y muy especialmente a la religión católica. Es absurdo por donde se mire.

El incidente de catedral fue un acto de vandalismo bastante común y corriente, muy conforme con nuestras tradiciones. El derecho de manifestación en México incluye patadas, insultos, amenazas, pedradas, ocupación de edificios, graffiti, bloqueos, y a veces también machetes y cócteles molotov. Invadir por la fuerza una iglesia no es más grave, ni mejor ni peor que irrumpir en un centro comercial, un edificio público, bloquear durante horas una carretera o la cámara de diputados, y son cosas que se hacen todos los días. Seamos serios. El asalto fue básicamente una manifestación de estupidez, no de intolerancia religiosa. Los pandilleros que entraron a la catedral haciendo escándalo no iban a agredir a un grupo de católicos por ser católicos, ni siquiera tenían la intención de prender fuego a la iglesia, como es costumbre del anticlericalismo de los países católicos; hicieron más o menos lo que hacen siempre, sólo que constituidos como comisión de investigación para preguntar por el repique de campanas.

La confusión inducida en los días siguientes se entiende, pero no es por eso menos patética. El señor Norberto Rivera vio la ocasión para posar de mártir y recordar la cristiada. Los adversarios de López Obrador aprovecharon el incidente para insistir en las analogías religiosas que han repetido hasta la saciedad: después de todo, se había equiparado su mitin ¡con la santa misa, nada menos! El PRD respondió con los reflejos de siempre: primero fue legítima defensa, después una provocación, más tarde un montaje, luego obra de infiltrados; terminó en que ellos son católicos y, por lo tanto, también víctimas del atentado.

En lo que todos han coincidido –para evitarnos una guerra de religión—es en que deben respetarse todas las creencias: seguramente es la frase que más se ha repetido en estos días, y de oírla estarán revolviéndose en sus tumbas Voltaire, Hume e Ignacio Ramírez. ¿Desde cuándo las creencias son respetables?

La civilización, el sentido común y la ley exigen que se respete a las personas, pero no podrían pedir el mismo respeto para sus creencias, que son por definición discutibles. Las hay absurdas, las hay inicuas, peligrosas, equivocadas, hay creencias repugnantes y homicidas. No es respetable el racismo, no es respetable el machismo, pero por la misma lógica no es respetable ningún otro sistema de creencias: todos son discutibles y en una sociedad laica deben ser discutidos. Ningún hombre civilizado exige que se censure a quienes no respetan sus ideas: las iglesias sí lo hacen. Más nos vale andarnos con cuidado y llamar a las cosas por su nombre.

Milenio, 26 de noviembre de 2007