¿Todavía?

Etiquetas: , , ,

Recibí la semana pasada varios mensajes insultándome por haber defendido la iniciativa de Naciones Unidas de establecer un Día Internacional de conmemoración de las víctimas del Holocausto. El hecho en sí no tiene la menor importancia ni tienen interés los mensajes. Hablaban del odio internacional hacia la “raza indoeuropea”, denunciaban la propaganda judía, uno aprovechaba el viaje para injuriar a los vascos que se sienten vascos y no españoles, que es lo que son, otro comenzaba con un viva a Cuba, Venezuela y México. Lo que me llamó la atención, y me induce a escribir ahora sobre ello, es que todos los mensajes tenían su origen en un grupo de discusión vinculado a algo, no sé si una organización real o un membrete, que se llama “Último reducto”. Tiene una página en Internet, que incluye libros, documentos, una revista electrónica y enlaces con otros sitios afines: el Sindicato Español Universitario, The National Alliace, también una página de Salvador Borrego. Nada nuevo.

Lo que sea eso, “Último reducto”, se presenta como “foro de expresión de cultura alternativa nacionalsocialista”, sostenido por “un colectivo de patriotas iberoamericanos con sede en México”; dice que “quienes ansían atentados” no recibirán de su parte “ninguno que no sea con palabras”. Bueno es saberlo (y ésas, por cierto, pocas y bastante vulgares, de cajón). También ofrecen documentos “que a lo largo de la historia nos han legado magníficos hombres” que “engrandecieron a sus pueblos”; entre ellos, en la biblioteca virtual que presentan, hay títulos de Leon Degrelle, Joseph Goebbels, Pierre Drieu la Rochelle, Rubén Salazar Mallén, una indigna leyenda antisemita de Bécquer y, por supuesto, Mi lucha, de Adolf Hitler.

Sé que como grupo no tiene ninguna significación, si acaso existe. Será media docena de indocumentados en busca de publicidad y yo se la estoy dando. Lo hago con plena conciencia: lo mejor que puede hacerse con ese tipo de sandeces es darles publicidad, exponer la miseria de su retórica, tal cual; son grupos que se alimentan de la sombra, de la ilusión de la clandestinidad, de la turbia fantasía de estar en posesión de secretos poderosísimos y ser perseguidos por eso. Además, me interesa como síntoma. No nos amenaza un resurgimiento del hitlerismo en México, desde luego que no, pero las actitudes y predisposiciones que se dejan ver en sus textos son mucho más frecuentes de lo que nos gustaría pensar. Los mensajes que recibí de su parte son calcos de los que he recibido por criticar la política de la iglesia católica o la del EZLN, o por condenar la quema de libros que anunció la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, cuando se publicó la “Guía de Padres” de Vamos México; los mensajes mismos y los textos de la página en Internet reproducen además, al pie de la letra, los rasgos que T. W. Adorno señaló hace tiempo como típicos de la propaganda fascista, expresiones de lo que llamaba el “síndrome de la personalidad autoritaria”.

En su revista, o lo que sea, hay la reproducción de textos de Goebbels, insinuaciones injuriosas contra José Woldenberg y Enrique Krauze, valientes denuncias de esos “sapos inflados” que son Marx, Freud y Einstein, también más de una confusa crítica de la política exterior de Jorge Castañeda, que en sus textos es siempre el señor Castañeda Gutman, por cuya razón sabemos –lógico- que obedece a los intereses de “su patria, Israel” y es cómplice de Fidel Castro, “sefardita, según algunas fuentes”. A partir de 2001 casi todas las entregas de su revista se adornan con banderas palestinas, fotografías de árabes quemando la bandera de Israel: incendios, manifestaciones, la catástrofe. Pueden leerse varios textos sobre los atentados contra el WTC que tienen como único propósito “demostrar” que los servicios de inteligencia de Israel sabían de antemano que se preparaba el atentado y alertaron a los judíos, para que no fuesen ese día a trabajar en Manhattan, pero que permitieron –o indujeron- el ataque para justificar una guerra de Estados Unidos contra sus enemigos. Hay incluso un elogio del Plan Ibarretxe por atreverse, en el mundo “demo-sionista” de hoy, a distinguir entre ciudadanía y nacionalidad, y una nota que explica que el cardenal Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI, es “activo militante en la promoción del supremacismo judío y en su propaganda infamante contra el nacionalsocioalismo y la mentira histórica holocáustica”.

En los “documentos” que brinda la página y en el curioso apartado que se llama “ideas” se habla interminablemente sobre “el movimiento” y sus éxitos. Se clama contra la infamia de que su página haya sido censurada por publicar un texto del húngaro Ferenc Szálasi que, aparte de otras lindezas, dice que el “hunagrismo” que él representa “no hará leyes contra los judíos, porque las leyes reconocen también derechos, y los judíos ni siquiera tienen el derecho de vivir sin derechos en el seno de la comunidad que han explotado hasta ahora”. Entre los momentos cumbre del “movimiento” se incluye un “encuentro ideológico” internacional del año 2002, al que acudió un representante de Chile; según su crónica, el acontecimiento terminó con una visita de los participantes al altar de los héroes: quince camaradas fueron al cementerio alemán de la Ciudad de México y allí, ante la tumba de la camarada Hannerl Gossler, cantaron el “Cara al Sol” y renovaron sus votos de lealtad a su Führer, Adolf Hitler.

¿Ridículo? Sin duda. Grotesco. Pero entre otras cosas sirve para mostrar la importancia que tiene la resolución de la Asamblea General de la ONU y la singularidad de la aniquilación de los europeos judíos durante el dominio nazi; nadie que yo sepa defiende en ningún foro la necesidad de aniquilar a los tutsis, ni la última verdad encarnada en el Poder Hutu, por ejemplo, o la verdad universal manifiesta en el irredentismo serbio; pero sigue habiendo en muchas partes, también entre nosotros, retoños feroces, alucinados, imbéciles, del antisemitismo (o la nueva juedeofobia, como la llama Taguieff).

Pueden seguirse en sus documentos, como en un libro de texto, los rasgos que caracterizan a la propaganda fascista, según el análisis de Adorno. Es una propaganda “personalizada”, en que los líderes hablan sobre todo de sí mismos y se describen como lobos solitarios, infatigables, perseguidos; donde predomina el elogio del “movimiento”, la glorificación de la acción o de cualquier sucedáneo de la acción, que sirve para reemplazar a los fines y dar la ilusión de participar en algo de enorme importancia. Es una propaganda que no pretende convencer, sino que se dirige a los conversos y por eso se mantiene en un plano “no argumentativo”: fabrica y destruye enemigos ficticios, monstruosos; se basa en asociaciones puramente lingüísticas, en metáforas; describe el mundo a partir de estereotipos que no sólo ahorran el razonamiento sino que lo hacen imposible; una propaganda hecha a base de insinuaciones, que permite a los oyentes sentirse elegidos, contarse entre quienes “están en el secreto” y entienden sin necesidad de más explicaciones. Su eje está en el culto a la violencia, que busca su legitimidad asociándose al poder y la fuerza de otros –de Hitler, Goebbels, incluso de Vasconcelos, Salazar Mallén y el Dr. Atl-, una propaganda que descarga en otros la responsabilidad moral. Es una propaganda que describe las atrocidades del enemigo no sólo como pretexto, sino como objeto para proyectar impulsos reprimidos: una propaganda para quienes disfrutan el espectáculo de la violencia.

Como sustento cultural está el “síndrome autoritario”. Según la definición de Adorno, se caracteriza por la tendencia a pensar en términos de estereotipos; por la facilidad con que los individuos se piensan como cosas, partes de una colectividad uniforme, y piensan a los demás igualmente como cosas, clasificables; también por un culto de la fuerza que se manifiesta en un empecinado esencialismo, en la idea de que las cosas “son como son”, que no hay lugar para la contingencia ni para el devenir: un judío es irremediablemente un judío, idéntico a todos los demás judíos. La personalidad autoritaria se justifica sobre todo insistiendo en la formación del carácter y la disciplina, que no es otra cosa sino indiferencia hacia el dolor; tiene dos caras: un impulso sádico que se gratifica con el sufrimiento ajeno, un impulso masoquista que se satisface con la sumisión a la voluntad del jefe. Los sufrimientos imaginarios del grupo, víctima de una conspiración, ofrecen la coartada básica; su complemento es la obediencia al jefe, como sustituto de la conciencia moral. Con eso, todo está permitido. Resulta transparente en nuestros fascistas locales, para quienes la disciplina varonil de la que se vanaglorian tiene su contraparte en los desahogos obscenos contra cualquiera que sea representado como enemigo. Judíos, comunistas, homosexuales.

Insisto: el ridículo fascismo de opereta del “Último reducto” me interesa sobre todo como síntoma. Porque los mismos rasgos de carácter, la misma lógica publicitaria puede verse en muchos otros movimientos. En México: hoy. El fascismo que viene no será hitlerismo, que es una forma nostálgica y retorcida: el kitsch del autoritarismo, con su mezcla de fantasías “indoeuropeas”, imágenes de las SS, Isabel la Católica y el “Cara al sol”; el fascismo que viene, como el de antes, será popular y masivo, nutrido con los tópicos del día. La democracia radical, la soberanía popular, las necesidades de “la gente”. Está aquí.

 

La Crónica de hoy, 23 de noviembre de 2005